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  • Margara Williams

¿TE ASUMES O TE EXCUSAS?

En estos tiempos - si es que no ha sido siempre -, vivimos en lo que podríamos llamar, “la sociedad de las excusas”, y lo peor, nos hemos acostumbrado. Es más, me atrevería a decir, que es nuestro mejor recurso para todo.


Antes de saber que faltaremos a nuestra palabra cuando nos comprometimos a… (completa los puntos suspensivos), ya tenemos la excusa, disculpa, pretexto o escape... llámalo como quieras.


Somos fabricantes de excusas que no sólo decimos a los demás, también a nosotros mismos: “es que me acosté tarde, cinco minuticos más”, “tengo todo el día para hacerlo, mejor después”, “le hablo luego porque no quiero que se enoje”, y así sucesivamente nos la pasamos evadiendo las responsabilidades, con él, con ella, con todo y con nosotros.



Y pareciera mentira, pero en el mercado laboral, las excusas ya son aceptadas; bueno, hace rato. La cuestión es que, en este caso, éstas deben ir acompañadas de una justificación (entiéndase por prueba) que confirme aquello con lo que estas argumentando tu falta.


A donde quiero llegar es que no hace falta usar las excusas si lo que pretendemos es huir. Hablémonos con la verdad. Asumamos lo que sentimos, lo que pensamos, lo que queremos, lo que callamos, reconozcamos la situación y encontrémosle una solución.


Hagámonos la vida más fácil creando hábitos que nos ayuden a evitar las excusas y ajustemos nuestras conductas. Para empezar, les dejo un ejercicio de autoconciencia.


Actividad 1: En una hoja, escribe las tres justificaciones más habituales y explica para qué y/o en qué momento las usas.


Actividad 2: Asume tu excusa y reconoce la equivocación. Ejemplo:

- Excusa: “Es que a mí me dijeron que… y por eso no lo hice”

- Reconozco que he utilizado a mis compañeros como excusa

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Me cuentas cómo te fue.




Lina Margarita Williams Franco

Comunicadora Social

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