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  • Lina Margarita Williams Franco

MI SANTA VOLUNTAD

Iván Vivas

Facilitador e integrante del grupo de estudio Camelot



La voluntad es una de esas palabras que usamos en nuestra comunicación diaria, quizá a menudo o quizá muy poco; pero así no haga parte activa de nuestro lenguaje, está intrínseca en todo lo que hacemos en nuestras vidas.



Por ejemplo, las palabras que estás leyendo en este momento hacen parte de la voluntad de este servidor, de compartirte una visión de vida. ¿Intenciones? Muchas. Compartir información que me ha servido, sentirme útil mientras lees esto, ayudar en algo, etc. En cada intención está puesta la voluntad.


Albert Einstein dijo una vez: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”


Alfred V. Vigny afirmó que “El querer lo es todo en la vida. Si queréis ser felices lo seréis. Es la voluntad la que transporta las montañas.”


“Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.” dijo - Francois de La Rochefocauld


Y Víctor Hugo aseguraba que “A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.”


Entonces… ¿Qué es la voluntad? ¿Eso con qué se come? ¿Se nace con voluntad?


Según la RAE (Real Academia Española), La voluntad es la actitud de decidir y ordenar la propia conducta. Propiedad que se expresa de forma consciente en el ser humano, para realizar algo con intención de un resultado. Digamos que esta es la definición desde el lenguaje.


Para la psicología, la voluntad es la capacidad de los seres humanos que les mueve a hacer cosas de manera intencionada. Le permite al ser humano gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinada.


Es más, Todo acto voluntario requiere de dos supuestos:

  1. Tener conciencia de una situación en la que hay, al menos, dos alternativas distintas de elección.

  2. La elección tiene lugar tras haber reflexionado y tomado en cuenta los pro y contra de cada elección.


Por último, la filosofía nos dice que detrás del velo de la realidad se encuentra la voluntad del deseo, que está presente detrás de todos los fenómenos aparentes, distintos y cambiantes del mundo, siendo una fuerza imparable que gobierna todo:



Recogiendo estos tres conceptos y siendo fiel a la filosofía de Camelot, yo les traigo hoy esta definición para que todos hablemos un mismo lenguaje:


La voluntad es la capacidad de un individuo de gobernar sus pensamientos, emociones y acciones, manteniéndose firme en sus propósitos.


¿Qué propósitos? Los que sea que tenga. Algunos adversos por el entorno. Otros más adversos por nuestras limitaciones.


¿Cómo así Iván que la capacidad de gobernar? Así es. ¿Te imaginas poder tener el suficiente autocontrol o dominio propio, capaz de elegir algunos pensamientos, emociones y acciones de forma consciente?


Y digo algunos porque sé que todos sería realmente imposible. Pero revisemos lo siguiente: 35,000 son los pensamientos que los humanos tenemos en un día. Y el 99,74% de esos pensamientos son automáticos. O sea que 34,909 pensamientos de nuestro día no los elegimos, nos llegan y como no necesariamente estamos preparados para gobernarlos, se apoderan de nosotros y terminan por afectar esa capacidad de gestionarnos frente a una situación o adversidad.


Entonces, hoy te traigo siete sugerencias que seguramente te pueden ayudar a recuperar esa capacidad de gestionarte a ti mismo, de gestionar tus emociones, tus pensamientos y tus acciones. Mejor dicho, de recuperar y acceder a tu fuerza de voluntad:


1. Disminuir las decisiones triviales. Esto significa dejar de invertir tiempo en asuntos reactivos y empezar a ser más creativos. Por lo general, invertimos mucho tiempo en cosas triviales que no tienen ninguna trascendencia en nuestra vida. Por ejemplo, ¿qué me voy a poner hoy para ir al trabajo? Esa es una pregunta que yo ya no me hago en mi vida. Y una manera práctica de disminuir ese tipo de decisiones, es que ya tengo muy claro los colores que me gustan y los que me sientan bien o me hacen ver mejor. Por lo tanto mi armario solo tiene prendas negras y grises y lo único que hago es dependiendo la ocasión, escoger si uso camiseta, camibuso tipo polo o camisa manga larga. Eso ya me ahorra bastante tiempo. Y este es sólo un ejemplo.


Otro, es que decidí cada domingo planear mi semana. De esa forma, ya sé que reuniones, citas, visitas o salidas tengo cada día de la semana o no estoy gastando mi tiempo en saber si puedo ir a un sitio o no o moviendo la agenda. Y un último ejemplo, es que planeo semanalmente mis comidas. Porcionar las proteínas, separar los carbohidratos, dejar listas y separadas las verduras son mis tareas cada domingo y tengo en mi calendario qué día es pollo, qué días es carne, qué día es atún, qué día va con arroz o con pasta.


Con todos esos ejemplos que te mencioné, lo que hago es liberar espacio de mi mente para que no esté saturada o gastada por pensar pendejadas y me concentro en lo verdaderamente importante: yo, mi mente, mi salud, mi familia, mis relaciones, mi trabajo.



2. Otra sugerencia que te hago es un pequeño truco que adopté antes de “pecar” frente a cualquier situación que se me presenta en la vida. Antes de flaquear ante un propósito que tengo (ya sea bajar de peso, ir al gimnasio, leer, etc) me pregunto: ¿es una necesidad o es un deseo?



¿Y por qué me hago esta pregunta? Sencillo. Las necesidades nacen del cuerpo. Son biológicas. Mi cuerpo me pide descanso, me pide dormir, me pide algo de dulce, bailar, etc. Quizá porque tengo una rutina muy arraigada mi cuerpo habla y lo debo escuchar.

Los deseos, por el contrario, nacen del ego. De esa otra identificación que reside dentro de nosotros y que no se satisface con nada. Si sigo mis deseos constantemente, es muy probable que sea preso de mi ego y que sea este personaje el que gobierna las decisiones de mi vida.

Recordemos que el verdadero contrincante de este juego llamado vida, es el ego que está dentro de mí.


3. Progresiones para explorar los límites. Esto significa que dejemos de castigarnos por no hacer las cosas perfectas. Es mejor hecho, que perfecto. Y esto significa que nos tengamos paciencia. No podemos pretender, que, porque el ejercicio intenso de fuerza nos ayuda a reducir la grasa y a tonificar nuestros músculos, debemos entonces exigirnos para entrenar al menos 1 hora y media o 2 horas diarias, cuando nuestro cuerpo no lo puede soportar.


Hace poco empecé a practicar crossfit. Es una disciplina que me tiene encantado porque trabajas todo tu cuerpo, requiere técnica, esfuerzo y sobre todo disposición de aprendizaje. Hay muchos ejercicios que requieren de técnica y para poder ejecutar un movimiento perfecto, debes antes hacer progresiones. Esto significa primero hacer el movimiento sin sostener nada, luego sosteniendo un tubo de pvc, luego un tubo de pvc de arena y por último una barra.


¿Qué tal si aplicaras lo mismo con los propósitos de tu vida? Dejarías de castigarte por no cumplir tu propósito de leer 30 minutos al día, y empezarías por leer 5 páginas diarias mientras te adaptas y le vas cogiendo gusto a la vaina.


4. “Voy a aguantar 10 minutitos más”. Se puede aplicar para todo menos para ir al baño. Tener esta mentalidad puede salvarte de muchas cosas como, por ejemplo, comerte una hamburguesa que no está dentro de tu plan alimenticio, tomar una cerveza de más que probablemente te dejará hastiado o incluso escribir un mensaje impulsivo del cual te vas a arrepentir después.


La técnica de los 10 minutos va un poco relacionada con la técnica de la necesidad vs. el deseo. Si te es muy difícil en ciertos momentos preguntarte a ti mismo “¿esto qué será: una necesidad o un deseo?”, prueba aguantando 10 minutos. Si después de 10 minutos, el “deseo” persiste, probablemente es una necesidad y hay que atenderla.


Pero darte 10 minutitos más, es una técnica para distraer a tu cerebro y enfocarte en lo verdaderamente importante. Al cabo de 10 minutos puede que ya se te haya olvidado o que ya no lo desees tanto como antes.


5. Variabilidad de la frecuencia cardiaca. Esto no es otra cosa más que respirar. Cuando respiramos, de manera lenta, constante y profunda, disminuimos la variabilidad de la frecuencia cardiaca, manteniendo una respiración estable, permitiéndonos ser consciente del momento en el que nos encontramos y, por tanto, tomar mejores decisiones.


Lo que quiere decir, que dejamos de tomar decisiones por impulso, que atenten contra ese propósito que voluntariamente hemos escogido.

Estudios comprueban que los estados de depresión, ira, ansiedad, o miedo, disminuyen la variabilidad de la frecuencia cardiaca, aceleran la frecuencia en general y hace que tomemos peores decisiones porque bajan los niveles en sangre del neurotransmisor: dopamina y aumenta los niveles en sangre de otra hormona que es el cortisol, que va buscar como mecanismos de supervivencia la satisfacción inmediata.


Por tanto, a mayor respiración lenta, constante, pausada y profunda… mayor será la variabilidad de la frecuencia cardíaca y más posibilidades de gestionarnos tendremos. Es por eso que la meditación es una técnica fundamental para este caso.


6. Sistema Angular. Es una táctica que me he inventado para engañar a mi cerebro a la hora de crear hábitos. Muchas veces nos aconsejan, que debemos crear el hábito de levantarnos a las 5 de la mañana, leer, meditar, escribir y hacer ejercicio. Todo eso en la primera hora de levantarnos.


No estoy desprestigiando esa teoría. Habrá personas a las que les funcione. Pero a mí no me funcionó del todo. Y esto es porque todos tenemos diferentes tendencias de comportamiento que se van convirtiendo en conductas. Y como toda conducta, puede ser gestionada y reinventada por nosotros mismos.


Mi propuesta, es reemplazar ese hábito por un sistema. Ejemplo, en este caso, antes de cumplir con el propósito de levantarme a las 5:00am y lograr todos esos objetivos, que para mí resultaban tediosos como una tarea que sí o sí había que hacer, pues decidí enfocarme en las acciones previas que, al hacerlas, generen como resultado, ese objetivo de madrugar.


Por ejemplo, acostarme a las 9:30 de la noche, pero antes, tomarme un té verde caliente, dejar la ropa de ejercicio lista, dejar el escritorio con el libro abierto en la página que sigue y al lado tener mi cuaderno de apuntes, es un sistema que al ejecutarse, puede traer como resultado un feliz descanso que evite desánimos a la hora de levantarme al día siguiente. De esta manera estaré más atento, más consciente y aunque no tenga ganas de hacer ejercicio, tengo la voluntad de verme y sentirme mejor porque estoy descansado. Esto impactará positivamente en nuestros hábitos.


7. Afirmaciones con PNL (Programación Neurolingüística). Las afirmaciones son enunciados que tienen como propósito reprogramar nuestra mente para que pensemos acorde a lo que queremos para nuestra vida. Esa reprogramación de pensamientos influirá en nuestras emociones y estas emociones en conjunto con los pensamientos, influirán directamente en nuestras acciones.


Según la PNL, una buena afirmación debe tener alguna de estas cinco características básicas: ser redactada en tiempo presente, ser personal, positiva, visual y además emocional.

Un ejemplo de una afirmación que estoy usando en este momento para superar el reto de no hacer ejercicio es: “Soy un hombre disciplinado y responsable que se siente feliz y agradecido de ser saludable.”


Esta afirmación me la repito constantemente y aunque en este momento no me siento muy feliz de ser saludable, sí me siento agradecido de la decisión que tomé de mejorar mis hábitos alimenticios y con el paso del tiempo, mi mente se acostumbrará a este lenguaje interno y lo tomará como suyo, modificando directamente mis emociones y mis acciones.


Espero que estas siete herramientas te sean tan útiles como a mí. En mi caso las he probado todas y todas me han funcionado para diferentes objetivos y propósitos que he tenido en mi vida. Así que te invito, a que escojas al menos una de estas siete herramientas y la empieces a practicar en tus próximas metas.


Nos vemos en otro blog ;)

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