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  • Lina Margarita Williams Franco

BELLEZA Y VALOR

William E. Robechi Yepes

Facilitador e integrante del grupo de estudio Camelot

Las definiciones de belleza son múltiples, dependientes del observador u

observadores e incluso pueden distar entre sí, debido a que la belleza es un

concepto, es decir, puede resultar ser la representación mental de un objeto, hecho,

cualidad, situación, etc, o ser tomada como una opinión o juicio.



Por tanto, de manera general, se le define como: la o las cualidades de una persona, animal o

cosa, capaces de provocar en quien los contempla o los escucha, un placer

sensorial, intelectual o espiritual; y en el mismo sentido, dependiendo de la

respuesta que la “cosa” bella genera en cada cual, a la belleza le otorgamos un

VALOR, que está inevitablemente determinado por cuanto consideremos bellas sus

cualidades o características.


Para poder dar entendimiento al cómo asignamos un valor a un concepto como la

belleza, la filosofía nos permite a través de la axiología (filosofía de los valores), estudiar la naturaleza y clasificación de los mismos y de juicios valorativos, incluyendo preguntas sobre la naturaleza; sobre qué tipo de cosas tienen valor a la vez que los conecta con varios campos filosóficos que dependen crucialmente de la noción de valor, como la ética, la estética o la filosofía de la religión.


Entonces, al ver la belleza desde la estética, resulta como la experiencia sensorial de placer o satisfacción que pueda generar el estímulo (forma, aspecto visual, movimiento y sonido, sabor, olor), pero además, implica la interpretación que puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional.


Ante esto, el problema del valor de la belleza radica tanto en la objetividad con la que se juzga lo bello (parámetros de belleza), como en la experiencia subjetiva que suscita, motivo por el cual generamos la pregunta: ¿qué tiene valor?


La axiología trata de responder clasificando los valores como intrínsecos (donde algo es bueno, en, o por sí mismo) y extrínsecos o instrumentales (que sirven de medio para llegar a lo bueno o bello); para algunos estudiosos, sólo tienen valor intrínseco las experiencias netamente placenteras, y otros reconocen diferentes tipos de valor intrínseco en la virtud, conocimiento o en la amistad por ejemplo.


Aunque también, hay puntos de vista que sostienen que una afirmación de valor sobre algo, simplemente expresa la aprobación o desaprobación del hablante de esta cosa, pero la discusión sobre los valores es tan vasta, que algunos los definen como los principios de los juicios morales y estéticos, llegando a considerar que hasta las verdades científicas y las observaciones cotidianas responden a ciertos valores y formas de valorar.


Aunque se presenta entonces una clasificación de valores, también se establece que una misma entidad puede ser valiosa de diferentes maneras, pues algunas tienen valores intrínsecos y extrínsecos al mismo tiempo, donde los segundos, pueden formar cadenas en las que una entidad es extrínsecamente valiosa porque es un medio para otra entidad que a su vez es extrínsecamente valiosa, y se sostiene comúnmente que estas cadenas deben terminar en algún lugar y que el punto final solo puede ser intrínsecamente valioso.


De todo esto, obtenemos que los valores pueden ser:

- Objetivos (buenos por sí mismos, intrínsecos)

- Subjetivos (medio para llegar a un fin, deseos personales)

- Fijos e incluso Dinámicos según nuestro momento actual-

Sin embargo, es de suma importancia, no dejar de lado que cada valor viene atado a un antivalor, su antagónico natural que sirve de herramienta para evaluarse.


Pero ¿cómo fusionamos los conceptos de belleza y valor de la misma?, en este punto, es la ética quien nos soluciona este problema; pues tiene como objeto de estudio, la moral y la acción humana, mientras que la estética estudia la esencia y la percepción de la belleza como aproximación al arte, y se relacionan en el quehacer diario de las personas.


El problema surge, cuando en su última definición de lo que es ético y estético, surge la hipocresía, una doble vara de medir y manipular. La ética conceptúa que todo lo bueno tiene valor, si tiene valor debe ser bello y por ende todo lo que en sí es bello debe ser bueno y tener valor.



Leonardo da Vinci lo representa claramente en el Hombre de Vitruvio, un hombre perfecto o ideal en términos de medidas y proporciones, en dos posiciones sobreimpresas, pero también circunscrito en dos figuras geométricas, un cuadrado que lo representa en esencia como parte de la naturaleza terrestre, pero también un círculo, mismo que le recuerda que es parte del universo y lo considera casi “divino”, pero como participa de ambas, es capaz de estar en armonía entre las mismas, ¿esto hace entonces que todo sea bello?


La cuestión radica ahora en ¿cómo percibimos la belleza? Inmediatamente pensaríamos que debido a que constituye una experiencia subjetiva y placentera, la belleza está en el ojo de cada observador, no obstante, ¿cómo aseguramos que vemos exactamente lo que el otro ve?, es una cuestión prácticamente imposible de dirimir, pues cada cual, -a pesar de los cánones de belleza, mediciones, proporciones ideales-, da valor de bello a aquello frente a lo cual VIBRA, aquello que le despierta como individuo una emoción específica, por eso, la música instrumental a algunos nos puede hacer llorar, y para otros a pesar de escucharla como un sonido placentero no les es significativa; y así podríamos seguir dando ejemplos que nos conducen a pensar que: "todo es bello y nada es bello", porque todo realmente depende de la reacción que tengamos a estímulos desde lo profundo de nuestro ser primitivo; por eso mismo, se sentencia que todo el mundo puede ver la belleza, pero muy poca gente sabe lo que realmente es. Entonces, ¿toda creación es bella?


En la búsqueda de tratar de definir la belleza, también se le ha “clasificado”, por tal motivo hablamos de Belleza Física o Formal (medidas y proporciones) y Belleza Intangible o Sutil. En esta última es donde llegamos a la belleza del Ser, porque si se refiere a la belleza vista desde la conducta, la catalogamos como cortesía;, desde las emociones y sentimientos la denominamos bondad; y si es belleza de las ideas hablamos de sabiduría, y podemos decir que cada una de estas formas de belleza es a su vez un valor.


Por último, en su sentido más profundo, la belleza puede engendrar una experiencia sobresaliente de reflexión positiva sobre el significado de la existencia de alguien o de algo: “un objeto de belleza” es un objeto mental, es algo que revela un significado íntimo o social, es algo ejemplar que brinda enseñanzas que pueden ser religiosas y morales y a menudo estas se enfocan en la divinidad y la virtud de la belleza, ubicando a la belleza natural como una manifestación de espiritualidad y verdad.


La búsqueda de satisfacción es natural en el ser humano, pero de la misma forma que hay placeres para los sentidos, hay también placeres para el alma. Y ¿qué produce placer al alma? Todo aquello que le recuerda su origen celeste: lo bueno, lo justo y lo bello, que van unidos.



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